sábado, octubre 23, 2004

Introduciendo el Rol (1)

Ji ji ji... Acercaos niños y niñas a mi humilde letrina, soy vuestro anfitrión favorito en este escueto catálogo sobre la escoria humana. Apartad esos tiernos zurullos y... ¡Cuidado con los charcos! Ji ji, parece que alguno de vosotros era débil de estomago. Sentaos a mi alrededor y no os preocupeis por el fétido perfume, pronto lo reconocereis como propio. Poneos comodos y oled esta nueva mierda que noto arrastrar lentamente por mis intestinos, a este marronáceo fluido que mana cual fuente lo llamo:

¡¡ROL!!

Mucho se ha dicho ya en lo referente al juego de Rol, los medios han sido generosos en descalificaciones y censuras por culpa de las "hazañas" de unos pocos y de la propia ignorancia de la sociedad hacia esta forma de entretenimiento. Para los profanos diré que el rol, al igual que el tabaco, no es perjudicial por su mera existencia sino por el uso que se hace de él. Antes de exponer mis complejas reflexiones, hijas de mi absoluta sabiduria, desearía que mis lectores no vieran en este texto un ataque a la ya deteriorada imagen que se tiene del rol, sino un intento de hacer sensibles sus consciencias ante la multitud de complejos que la conforman hasta deformarla en la masa de basura ponzoñosa y autocomplaciente que llaman pensamiento.

Actualmente el perfil que nos han hecho ver del jugador medio de rol encaja con el de joven extrovertido en mayor o menor medida que viste habitualmente con ropas oscuras y durante sus partidas gusta de causar bajas entre sus vecinos. Pero, atención, no todos los jugadores de rol son asesinos sicópatas, estos son solo una pequeña minoria que ha sabido llevar el juego hasta sus últimas y celebres consecuencias. El resto de jugadores de rol son tristes payasos inofensivos, incapaces de llevar a cabo ningún crimen por su completa incompetencia para obrar en el mundo real o por lo que ellos pretenden llamar cordura. Pero, como estamos a punto de comprobar, de eso tampoco andan muy finos.

Ya en un principio, el ser vacio y sin aspiraciones reales (rolero en potencia) siente una especial atracción hacía la fantasía y la irrealidad en su busqueda de unos rasgos que lo definan como individuo aisladamente de su entorno inmediato, en definitiva: en su busqueda de personalidad.
La huida de su desagradable pellejo, para su posterior introducción en la sique de un personaje ficticio a su elección, es decididamente atractiva para alguién de su condición. Además las posibilidades en lo que a la creación de un personaje se tiene, se le antojan infinitas, pero nada es lo que parece: a la imaginación atrofiada del individuo se le suma su incapacidad para dar forma a una personalidad creible por la carencia de experiencia previa, y producen una suerte de estereotipos "sutilmente" aderezados con algunos matices personales aportados por el creador (en su mayoría poco creibles cuando no estupidos e infantiles) y quizá tambien por una serie de valores que el jugador cree, equivocadamente, tambien como propios.

El rolero, cobarde por definicion, es un cero a la izquierda en lo que a tomar decisiones se refiere, supedita el exito de sus acciones al campo de probabilidades abierto por el azar de los dados, de esta manera se desentiende de cualquier responsabilidad derivada de su elección. Los mecanismos de evasión de responsabilidad y tutoria que utilizan en sus juegos pueden alcanzar grados de complejidad que, para ojos no iniciados, parecería desmentir la subnormalidad que les es inherente.

Este reproche hacia los grandes libertadores de nuestro mundo como Lincol, Ghandi o Moises, es culpa absoluta del diseñador del juego de rol en cuestión, que en un momento ideal del desarrollo, sabedor de la indecisión e incompetencia de los participantes, acota sus posibilidades y disimula esa inexcusable mutilación de la realidad que pretende emular, tras el velo de las reglas y normas. Llegando a participar en ellas multitud de extraños dados con infinidad de caras que contradicen la escased de opción posible.


Lo que tenemos ante nosotros en realidad es a un tipo plano y gris que se acerca al rol porque cree que a traves de su inmersión en otras personalidades se encontrará a si mismo o al menos conseguirá que algo se le pegue. En realidad, optará por aquel personaje que se le haga menos extraño entre el catálogo de prededeterminados existente y ahí acabará toda su labor creativa.