domingo, octubre 24, 2004

Sentando las bases de la tirania (2)

El egocéntrico y el infantil caminan a la par que el rolero. Individuo triste donde los haya, cuyo estimulo de vida se encuentra más haya de este mundo, entre ridiculas tribus urbanas de vampiros o en compañia de enanos y magos
con los que compartirá el duro camino hacia el conocimiento real de lo gratuito de su vida.

El libre albedrio del jugador, herido ya por la mecánica rutina de dados y el enrevesado sistema de puntos, es muerto y enterrado por la figura del tiránico 'master'. Cada partida de rol precisa de un guia que dirija la historia hacia su más que previsible conclusión, el master aparece como el encargado de esta tarea parando los pies de los jugadores con más imaginación que él o con más recursos de los previstos. La dictadura del master contradice de manera clara la pretendida filosofía del rol, se rie cruelmente del jugador, parece decirle: "no importa lo que hagas al final acabaras donde yo te diga"
La labor que desempeña el master es tratar de mantener el espectro de fantasia dentro de los limites fijados por el juego o bien por su propio criterio, sin embargo su mera presencia multiplica los efectos de su labor condicionando al jugador sobremanera en cuanto a sus posibilidades de actuación hasta anular su voluntad por completo. El master es el único jugador de rol real ya que todos los demas solo siguen la estela que este les marca como inocentes borregos. Este veto autoimpuesto a la libertad será siempre motivo de critica por parte de este blog, me parece intolerable que unos pocos fascistas encaucen la imaginación y el espiritu artistico creativo de nadie en beneficio de una hístoria estupida y manida hasta la saciedad que no aportará nada a la humanidad.

Es del todo cómica la actitud de desprecio que las piltrafas andantes que se consideran jugadores curtidos en el rol tienen al trabajo desempeñado por las programadoras de videojuegos en lo que ha desarrollo de juegos de esta temática se refiere, sus quejas estan inexplicablemente basadas en la escased de opciones que la trama les ofrece. Sin duda alguna para ellos la imaginación y el esfuerzo de un equipo de guionistas profesionales no es nada comparada con la "ESPONTANEIDAD" de la que gozan en sus partidas.

Una vez destrozados los pilares fundamentales del rol, no por el concepto sino por el uso que vemos reflejado en su práctica, quisiera haceros participes de mi propia experiencia en la materia, la garantia de mi exposición. A diferencia de en otras ocasiones no he podido infiltrarme en ninguna partida como jugador pleno debido, por supuesto, a medidas para la salvaguarda de mi integridad intelectual que me imposibilitan a obedecer directriz, orden o sugerencia alguna (siempre y cuando no este remunerada), es esta la esencia de la pureza de mi saber y por vuestro bien futuro, queridos lectores, he decido mantenerme fuera del alcance de la aviesa influencia del rol. No obstante he sido testigo en innumerables ocasiones de este acto de esclavitud, lo que me convierte directamente en experto en la materia.
Mi experiencia se centra en la subdivisión más lamentable de los roleros, hablo de los jugadores de rol en vivo, la rama más cercana al rolero sicopata.
Esta variedad de rolero es facilmente identificable porque exterioriza su personaje en un esfuerzo absurdo por trascenderlo a la vida. No posee sentido alguno del ridiculo, ni ninguna clase de amor propio; acude disfrazado a su partidas que son celebradas periodicamente como grandes acontecimientos en lugares alejados del domicilio regular del jugador donde no pueda ser señalado por sus vecinos que sin duda encontrarían en su apariencia motivo de burla e incluso denuncia. El jugador en vivo aguanta estoicamente los insultos de todo transeunte que quiera dejar constancia de su opinión... y las hay muy graciosas (al menos para mi). El jugador, maquillado como un autentico capullo se sonroja dramaticamente mientras en su interior se cierran las puertas de un mundo que jura no volver a abandonar.

Las partidas de rol en vivo constituyen todo un fenómeno social en el que el sujeto más timido prefiere ir siempre acompañado para compartir la incomodidad de su situación y el más osado provoca la vergüenza ajena de todo aquel que pase por su lado. En ellas los jugadores encarnan "roles" alejados de la lógica y que acaban arraigandose en su vida hasta el punto de que les es imposible abandonar la partida o dejar de hablar de ella en ningún momento. Se convierten en travestis dementes alienados de si mismos, pérdidos y sin rumbo a merced de un despótico master que los somete a las mas degradantes bejaciones.

El rolero en vivo está ahora tambien sometido a la presión del juego que comenzó como mero pasatiempo, su estado emocional se va deshilachando como sus destartaladas vestiduras y acaba atravesando una crisis de identidad que no superará hasta que se produzca la muerte de su personaje, lo que le provocará una extraña sensación de alivio que le parecerá irracional en un principio pero comprensible con el paso del tiempo.