lunes, agosto 22, 2005

Just for the soul... (4)

El hielo flotaba a la deriva: un iceberg en un mar de Jack Daniels, así era Violeta, un glaciar de poderosa belleza impotente ante el deshielo. Su tiempo se acababa; pronto se diluiría en el duro alcohol; pronto no quedaría ni rastro de su fría cobertura.


-“Espero que consiga encontrar un sentido a toda esta historia lo antes posible Violeta ¿Ve usted el piloto rojo sobre la puerta? Cuando la luz se encienda significará que estaré ‘en el aire’ en pocos segundos, si no aparezco por el plató en un tiempo razonable el director mandará a alguien a por mi y la descubrirán aquí”


-“Sé lo que está intentando John amigo mío, pero no va a conseguirlo, conozco bien la duración fijada en su programa para cada una de sus secciones, pausas publicitarias incluidas. Dispongo del tiempo suficiente para ponerle al día y de los medios necesarios para exigir su colaboración”

La mujer volvió a ocupar su asiento frente al tocador y encendió una pequeña lamparita, metió las manos en los bolsillos de su gabardina y sacó de uno de ellos una Beretta de 9 mm que puso en la mesa de manera que el presentador pudiera verla con claridad- “Puede intentar cogerla si lo desea, así comprobaremos quién de los dos es más rápido”
El presentador le lanzó una mirada desafiante: quizá no fuera muy rápido pero la pistola estaba muy próxima, no le sería difícil alargar la mano y empuñarla; entonces la situación cambiaría por completo. La mujer continuó hablando: “O quizá prefiera coger su propio arma, ya sabe”-la mujer golpeo jocosamente la superficie de la mesa- “la automática que guarda en el último cajón de este precioso tocador” -comenzó a reír- “la automática con la que ahora le estoy apuntando desde el otro bolsillo Johnny, amigo mio”. John dirigió sus ojos al insinuante bulto de la gabardina y sintió como se le encendían de pura cólera; se mordió el labio hasta que el dolor se le hizo insoportable: su única esperanza había quedado anulada, no tenía un solo as en la manga, había quedado tan indefenso como podría haber parecido a simple vista.

-“No tiene de que avergonzarse Johnny, en este país todo el mundo lleva un arma ¿cree que no se me había pasado por la cabeza que usted también pudiera tener una? Ni siquiera me costó encontrarla”

John respiró hondo e intentó tranquilizarse, dejó reposar su cuerpo en el diván- “El tiempo sigue corriendo en su contra Violeta”

-“Tiene razón. Le estaba hablando de los discípulos del señor Alister Crowley ¿no es cierto?”
-“Sí”

-“Muy bien escuche atentamente si estoy aquí hablando con usted es a causa de los acontecimientos que estos individuos pusieron en marcha hace casi un siglo: La historia original es confusa en algunos pasajes, he conseguido remontarme, no sin muchas dificultades, a un instante de principios del siglo pasado en el que Crowley entró en contacto por vez primera con el entonces profesor de historia Don Jesús Medina: Sucedió en Amecameca, Méjico, Crowley se encontraba en plena investigación recorriendo el país de punta a punta en busca de documentos históricos, ruinas o cualquier tipo de información relacionada con rituales ancestrales de las culturas maya y azteca. Estaba organizando una expedición al monte Mateca situado al sureste de la ciudad cuando Jesús Medina, el hombre que nos ocupa, se presentó ante él como guía"

Se cuenta que su colaboración fue muy fructífera: juntos llegaron a descubrir un templo oculto en la ladera más agreste del monte, donde estaban contenidos los arcanos secretos de la magia shaman. La facultad de hacer el cuerpo invisible es solo una parte minúscula del enorme saber que los brujos shamanes albergaban. ¡Imagíneselo!

Crowley continuó su viaje descendiendo por la costa sudamericana hasta Cayena en la Guyana Francesa y decidió abandonar el continente satisfecho de los conocimientos adquiridos. No zarpó sólo rumbo a la vieja Europa, gozaba de la compañía de su nuevo discípulo Medina”
“Un incomodo viaje en barco llevó a maestro y aprendiz a su nuevo destino: España, un lugar clave en nuestra historia”

“Don Jesús dijo haber tenido una visión durante su primera noche en tierra española, una visión en la que el mismísimo Bafomet le había revelado los símbolos de la llave secreta que desencadenaría el Apocalipsis en la Tierra, que sumiría el mundo definitivamente en las sombras apagando una a una las estrellas que coronaban el cielo. Dijo ver en su visión a un hombre caminando entre las llamas y que a su cabeza había acudido la imagen de un jinete sin montura recorriendo un extenso campo de espigas”
-“Muy bonito”
-“Me alegra que le divierta" -La mujer bebió un sorbo de Whiskey y una ola de calor ascendió impulsada a presión desde su corazón, coloreando los capilares que abrazaban su garganta hasta llegar a la orilla de sus labios ardientes y desnudos, el presentador la secundo en el trago obedeciendo a un impulso irresistible de saborear esos mismos labios.

-“A la mañana siguiente Medina y Crowley acudieron a una población cercana de la misma comarca. Recorrieron el pueblo durante todo el día esperando recibir algún tipo de señal mística, pero hasta que se aventuraron a explorar las proximidades del presidio no fueron conscientes de que una fuerza había estado tirando de ellos hacia un lugar muy concreto, desde el mismo momento en que sus pies habían tocado tierra.
Aun sin comprender la naturaleza de esa fuerza se dejaron arrastrar por ella al interior de la penitenciaria y pidieron al alcaide una visita con un pobre desgraciado allí confinado”

-“¿Un preso en particular?”

-“El que ocupaba la celda número 666, un pirómano del que nadie sabía nada llamado Miguel Santa” -Se hizo una pausa- “¿Se da usted cuenta de a donde nos conduce todo esto? La visión del jinete sin montura, el hombre caminando a través del fuego. El número de celda... ¡por todos los santos Johnny! ¿Es que no ve a dónde nos lleva todo esto?”

-“¿Se refiere a que aquel hombre sería el portador de las sombras que cubrirán la Tierra, el Apocalipsis y todo eso que mencionó en la visión?”
-“¡Sí!¡Maldición!”

El presentador meneó su vaso deleitándose con los agónicos esfuerzos por permanecer a flote del ya moribundo trozo de hielo, bebió y apuró hasta la última gota del aguado whiskey- “¿Qué es lo que le gustaría oir exactamente Violeta? Siempre me he considerado un tipo lo suficientemente inteligente como para no ser cristiano”