viernes, agosto 19, 2005

One for the money... (1)

La estridente sintonía fue accionada y de súbito, como obedeciendo a una orden divina, la luz se hizo en el gran plató de televisión.

Una ola de aplausos recibió al alegre presentador que entró sin sutilezas y se colocó bajo los focos:” Hola, hola, hola mis queridos amigos y buenas tardes. Sean bienvenidos una tarde más, un día más, a su cita diaria e inexcusable con su infernal maestro de ceremonias. Antes de nada quería agradecer a nuestro equipo técnico la enorme labor que llevan a cabo para que cada día puntualmente podamos, si ustedes nos lo permiten, colarnos en sus casas y llevarles todo lo necesario para escapar de la monotonía de sus vidas"
Por todo en derredor el entusiasta publico que abarrotaba la sala irrumpió en sonoros aplausos, la espontaneidad asomó en silbidos y vítores, el sonriente presentador alzó la mano con suavidad para pedir silencio: “Hoy...”- hizo una pausa mientras los miembros de seguridad desalojaban a los descontrolados alborotadores – “Hoy es un día especial para todos nosotros querido público, hoy... ¡¡Alcanzamos nuestro programa número 666!!”
De nuevo el estruendo de aplausos de un publico casi unánime hizo temblar la sala –“Quería...”-el presentador volvió a detenerse mientras el equipo de seguridad invitaba a abandonar sus asientos a los individuos que habían manifestado su absentismo en la última explosión de júbilo. “Quería, por encontrarnos todos reunidos aquí y por ser este un programa tan especial, prestar también especial atención a las preocupaciones que atañen a los estimados espectadores que hoy nos acompañan. Si algún miembro quiere expresarnos sus pensamientos puede levantar la mano en cualquier momento y nuestras azafatas le acercaran un micrófono tan rápido como les sea posible, en cuanto a nuestros teleespectadores solo tienen que marcar el número que tienen en pantalla, una operadora atenderá sus llamadas y les pondrá en línea directa con el programa”

“¿Y bien? ¿Quién será el primer voluntario? “-el publico se mantuvo en silencio, el luminoso que pendía sobre sus cabezas así lo había decretado, tan solo un pobre despistado erró el momento y profirió un aplauso que resonó triste en el aire, segundos después su autor fue expulsado por un equipo de seguridad celebre por no dejar pasar una.


En el centro del escenario la figura del presentador se alzaba regía y paciente, en su rostro se encontraba el único rasgo que delataba su diabólica naturaleza: eran dos discretas protuberancias que brotaban a ambos lados de su frente. Cuando escrutaba el horizonte sus pequeñas astas amenazaban la deslumbrante luz de los focos y formaban un profundo abismo bajo sus cejas.
El presentador dirigió la atención a un extremo del escenario por el que una azafata de abundante escote y escaso pudor meneaba su trasero en dirección al showman. “Eva” –habló a la azafata- “hoy estás radiante querida”- la azafata hizo una reverencia un tanto artificial pero de precisión milimétrica mil veces ensayada, mientras dejaba escapar una risilla; en sus manos portaba una bandeja metálica con un sobre dorado. El presentador cogió el sobre –“ya puedes retirarte preciosa”-cargando con una sonrisa tan gravosa como su propio cuerpo la azafata desapareció en la oscuridad, perdida en el eco de sus contoneantes pasos.

El presentador extrajo un trozo de papel del sobre dorado- “Señoras y señores tengo en mis manos un cheque en blanco por valor de 666 millones. Este cheque puede ser suyo si se animan a prestar testimonio y ofrecernos un pedacito de su intimidad ¿qué me dicen a eso?”